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Libre para decidir?

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¿Qué tan libre sos de elegir?

Las decisiones razonadas, no siempre son razonables.

La mente es sólo una parte de lo que hay que amalgamar para que uno pueda elegir o decidir con todo su Ser en armonía. Si las decisiones de la mente no incluyen al corazón, a la tripa, a la intuición, no logran unificarnos detrás de lo que nos proponemos lograr. Sólo una parte empujará hacia un lado y el resto de nosotros en otra dirección. Para ser eficaz en tus objetivos, hay que amigar todas nuestras partes primero.

 

Aprende cómo es la forma precisa en que tú tomas las decisiones, que es diferente a la de todos los demás. La mejor manera es hacerlo vivencialmente, con un guía que te refleje tus propios procesos mientras los vas haciendo en tiempo real. Si te cuesta decidirte, o no estas conforme con las elecciones de vida que has hecho para tí, aprovecha la oportunidad del próximo retiro en La Pedrera, sobre LA DINAMICA ENERGÉTICA DE LAS DECISIONES.

MAS INFORMACIÓN AQUI

o en info@diego-sanchez.com

 

La dinámica energética de las decisiones y la elección.

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¡¡Hay tantas perspectivas desde dónde mirar la dinámica de las decisiones!!

Por ejemplo, hay una diferencia entre elección y decisión.

La elección es interna, íntima, no siempre conlleva acción visible, no necesariamente se exterioriza. Uno elige cómo ver el mundo, la realidad, el universo y eso trae consecuencias profundas. La diferencia básica esta entre elegir:

A- el mundo es un lugar hostil y debo defenderme.
B- el mundo es un lugar benévolo y puedo entregarme a disfrutarlo.

Elegimos nuestras creencias y eso determina cómo nos inserimos en el mundo. Acostumbrado a intercambiar experiencias con personas que tienen interés en la espiritualidad, muchas veces veo lo común que es vivirla desde el miedo (A- el mundo es hostil y debo defenderme), como una lucha entre buenos y malos. Los esfuerzos por protegerse, perpetúan una dualidad que termina siendo castigadora, si uno no hace el ritual en tiempo y forma, o lleva siempre consigo el amuleto, para asegurarse. No quiere decir que uno no deba protegerse de algunas amenazas reales que andan por la calle, pero según cómo viva esa experiencia puede ser un calvario constante (incluso en la ausencia de una amenaza real), o un detalle más de la vida en el planeta que nos tocó.


En la perspectiva del Shiatsu (y la de la Medicina Tradicional China) elegimos desde la energía de Intestino Delgado, que es el que selecciona y asimila lo que nos sirve, para luego integrarlo. También deja pasar lo que no nos sirve, para desecharlo. De acuerdo a quiénes somos, es que elegimos una u otra cosa para nosotros, por lo que va íntimamente ligado a la identidad. Si no sé quién soy, no sabré elegir lo correcto para mi.

Las decisiones se toman desde la energía de la Vesícula Biliar y una vez tomadas, se ejecutan desde la energía del Hígado, que además tiene las funciones de planificación y administración de recursos para obtener el objetivo deseado. Por ejemplo, el coraje para luchar y cambiar las cosas, reside en esta área, lo mismo que la rabia y la frustración, cuando no logramos hacerlo.

 

La energía de estos órganos a su vez está regulada desde el Tercer Chakra (en el sistema del Ayurveda de la India) cuyo derecho principal es el Derecho a Hacer. Aquí se abre un capítulo gigante que es mejor experimentarlo, por ejemplo haciendo ejercicios sencillos de activación de los chakras, para tener una idea sensorial de lo que significan para cada uno. Es muy común que al hacer los ejercicios, uno obtenga información precisa de cómo usa esa energía de acción, o los obstáculos que tiende a encontrarse regularmente cuando quiere actuar o hacer las cosas. Las posibilidades son tan variadas como personas hay en el mundo, por lo que teorizar sobre esto, es en el mejor de los casos, un cuento muy largo como para este artículo.

 

Es interesante también ver otra posible perspectiva, que veo muy comúnmente en mi práctica clínica: la dinámica transgeneracional.

¿Cuantas veces elegimos desde el control remoto del mandato familiar sin tener idea que lo estamos haciendo? Uno elige esposa, trabajo, amigos e incluso enfermedades de acuerdo no sólo a la identidad individual, sino al lugar que ocupa en su familia de origen y a los mandatos familiares que le toquen en suerte. A veces te puede tocar un buen mandato, como despilfarrar la fortuna del abuelo en arte o filantropía, pero asumamos que de los mandatos que conocemos de la vuelta, lo general es que nos toque el de sacrificarse por los hijos, ser leales a repetir la bancarrota de algún pariente lejano, anularse por el trabajo, ejercer o padecer la violencia familiar, etc. Si uno se diese cuenta que no es sólo uno que decide, podría hasta desligarse de los mandatos con los que no esta de acuerdo y liberarse de esas injerencias a la hora de elegir. No es tan complicado como podría parecer, y lo deja a uno livianito después de soltarlos.

 

Me encanta cuando los jóvenes acceden a esta información y la usan. Me conmueve cuando nos agarra más viejos y nos damos cuenta de lo que nos perdimos de elegir antes. A mis maduros 25 años, recibí mi primer sesión de shiatsu y quedé en shock (el mecanismo de shock es otra de las funciones de la energía del Intestino Delgado, que se activa cuando no podemos asimilar la experiencia que estamos viviendo para dejarla en “stand-by” hasta nuevo aviso). El shock fue de lo bien que me sentí. Me duró poco, porque salí corriendo a buscar un libro de shiatsu y ahí cambió mi vida. Pero, me dio pena también: me dije -pucha! y cómo fue que me perdí esto hasta ahora? Qué desperdicio!

Sabé elegir esta vez y acercate a alguno de mis talleres sobre el tema.

 

16/10/2016 Taller en Poggibonsi, Toscana, Italia.
contacto: info@diego-sanchez.com

18 al 20 de noviembre 2016 Retiro en La Pedrera, Uruguay
contacto: info@diego-sanchez.com

Baile en Lima

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The City of Lima (the name taken from the original tribe that inhabited the area) was built right on the desert. The calmness of the ocean on its shores made it a convenient place for a harbour. It’s where the El Niño and Humboldt streams meet, allowing for frequent foggy days, but no rain. It hasn’t rained here since 1973. 
It has 10 million inhabitants, the same as New York. 

NYC has 20.000 taxis, but Lima has 200.000, so traffic is nothing but daunting. 
Walking is a pleasure here though. I came across this gathering at Parque Kennedy, a public square in barrio Miraflores where there are so many stray cats it seems they spring from the earth like the flowers of the impeccably manicured lawn. These dancers don’t dare stepping onto the lawn nor on each other’s toes, for they elegantly swing into the Saturday afternoon. I could not resist the pull of the dancing crowd and I joined el baile for a few steps, before I continued on my way. 

Un refugio en la montaña

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Cada lugar vibra de una manera especial. Yo crecí junto al océano y reconozco que lo busco y me hace bien, por eso construí mi casa frente al mar. 

Pero también me equilibra la montaña, donde “la Tierra está arriba”.  

Para la mayoría de los animales, la seguridad está en la tierra; en la cueva, la madriguera, o afirmando sus garras o pezuñas para correr o atacar.  Para los pájaros es al revés. Su seguridad y sustento está en el aire. 

En la montaña, mi sensación personal es que todo va hacia arriba y que desde arriba se establece el orden. Como si uno estuviera sostenido como los títeres, que reciben sus comandos de movimiento desde algo que los maneja desde más arriba que la cabeza. Allí está la claridad y también la seguridad. 

En el lenguaje que me va enseñando mi intuición, quiere decir que en la montaña mi arraigo viene de lo alto, no desde mis pies, como lo siento en la mayoría de los lugares que habito

La montaña me recuerda la conexión con lo liviano, pero también con la dureza de la vida allí.  A veces, me es irresistible poner a prueba estos extremos. 

Esta vez  salí de caminata solo, a 3500 metros de altura, por encima del vuelo de los cóndores. Tomé un sendero equivocado y me perdí durante 6 horas. Cayó el sol y el lecho del río que había elegido  para salir, terminaba en un precipicio imposible de sortear. 

Me asusté. No me daba la fuerza para volver atrás y desandar todo el camino que había ido improvisando paso a paso desde el punto en que perdí el sendero marcado. 

Frente al peligro, también aflora la visión clara y la entrega para dejarme guiar. 

En el último claroscuro del día miré hacia arriba y decidí volver a trepar para reubicarme desde lo alto.  Justo donde estaba, era piedra que se desmoronaba fácilmente, pero me hice liviano, me hice cabra, me hice serpiente y zigzagueé hasta la cima, con el corazón a golpes en el pecho y dando mordidas al aire para respirar el aire demasiado fino de oxígeno. 

Agradecí a las ovejas y las cabras que trillan la montaña buscando alguna hierba dura de arrancar para comérsela. Yo pisaba donde alguna vez había habido alguna pezuña y me agarraba de las mismas hierbas duras con mis manos congeladas para ayudarme a subir. 

Cuando llegué a la cima de ese pico, me recibió un cóndor volando muy cerquita de mi. Levanté mis brazos para recibir la majestuosidad de su presencia, con un dejo de miedo. Me recordó para mis adentros, mi flagrante debilidad en sus dominios. Yo aún no era presa. Pero podía serlo. 

Movió el cuello apenas, como para indicar que registraba mi presencia y siguió.  De ese breve intercambio, yo sentí aliento para seguir.  

Dos pasos más adelante, di la vuelta a una pared de montaña que yo imaginaba me separaba de mi vía de salida hacia abajo. 

Me decepcionó ver que lo que encontré era otra pared de montaña más, casi pelada, sin un sendero y muchos cientos de metros de bajada por hacer. 

Ya bastante oscuro el aire, empapado de sudor, con el frío de una nube estrellando millones de gotitas de vapor de agua en mi cara, sabía que ya no iba a ser yo solo el artífice de la bajada de esa montaña. 

No había elección racional para hacer. Perdido por perdido, cada paso a tomar era un evento en sí mismo. Me enfoqué en hacer los pasos densos, concretos, firmes. Cada pie en su apoyo, con toda la tierra o roca que pudiera haber disponible para sostenerme y recibir la suela de mis zapatos. Cada paso llevaba absolutamente toda mi atención. 

Pensé en mis hijas, en mis padres, mis hermanos, mis ancestros, en las personas que amo, pero dejaron de ser un pensamiento que pudiese distraerme y pasaron a ser una intención.  La de salvarme y volver sano. Por ellos y gracias a ellos saldría de allí, pero quedándome tranquilo que siempre di lo mejor que pude dar de mí y que todos seguiríamos nuestro camino en paz, si llegado el momento no nos volvíamos a encontrar. 
Agradecí al sol, al cielo, a las nubes y a las montañas por sostenerme en el desafío y por apoyarme a cada paso. Me unifiqué con ellos y me sentí seguro. 

Pasé de pensar, a sentir. Hice de mi cuerpo una brújula, un giroscopio, un péndulo. Un instrumento que se dejaba manejar hacia adelante, hacia atrás, o a aquietarse. 

Empecé a dejarme llevar por una sensación en el plexo solar equivalente al -sí, adelante, un paso más. Sino, algo como una imán en la espalda, equivalente al -no, detenete y volvé sobre tu huella a buscar otro milímetro más seguro hacia dónde seguir. 

Por más que contradecía a veces mi pensamiento, este vaivén de impulsos me llevó hasta una grieta vertical. Era un tipo de descenso que descartaría racionalmente por lo arriesgado, pero confíe y seguí bajando con manos y pies. 

Cuando ya no se veía nada, escuche voces. Era una familia de indígenas locales, marchando en fila contra el borde del cañón. Les grité y me dirigieron para  terminar mi bajada por un sendero hasta ellos. 

Luego marchamos más de una hora en la noche hasta la población más cercana, sorteando el agua del río, por el fondo del cañón. 

Llegué sano y a salvo, guiado por lo que no se ve y habiéndome encontrado con la esencia de mi vida, una vez más. –

About learning a lesson from Mike Boxhall (without even seeing him!)

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Mike Boxhall

 

Yesterday a long time client of mine and a friend, from New York City, called me about her 101-year old relative who was in her deathbed, more than ready to let go of this world.

 

The relative was in a hospice saying -how much longer will this take?

I could hear her moaning in the background as I spoke on the phone with my friend. The voice was of someone evidently in pain.

-Everything has been settled, she wants to let go and we are ready to let her go too. Can you help me to make her have a peaceful transition? my friend said.

 

In the past, I have participated in situations where I’ve been called to help someone even if I was several thousand miles away. After many years of working with people’s energy I know how to access intuitive information about them, a process that doesn’t depend on the linearity of distance, or time.

 

I somehow connected with this old woman and asked to see what she needed. It was a very clear and concise answer -she needed to be received.

 

The concept of being received is something I learned last year with Mike Boxhall on his last visit to Montevideo, Uruguay where I live. Mike is an 86-year-old teacher who has accompanied many people like my friend’s relative, in the last stages of their lives.

 

Coincidentally Mike is in Montevideo right now and I was supposed to be working with him again. Something came up and I couldn’t, so he was very much in my mind these days.

 

In my Shiatsu training I had learned other ways to refer to “being received”. For example, presence, or being in your center to be fully present, something that has its roots in Zen Buddhism also. I teach it myself as an aspect of grounding, for example.

 

Mike’s teaching about being received gave a deeper meaning to that concept I had previously encountered. Everything you are is fully received. As a therapist, you are there to receive anything the client is or wants to release to you. There is no system, no preconceived notion of how it should be, or how you can measure this. It just is. And there is nothing you need to do other than fully being present. There is no fixing to be done. No problem to be solved.

 

When I contacted this old woman’s energy field I understood another aspect of being received. It’s being received back in the arms of God, back to the origin, the source, a merging of your true self with the Universe.

 

We can forget that we have this need to be received. We can mask it with other needs that look similar but only express a part of the whole. No matter how important we think they are, they barely scratch the surface of our real need. Being received is totally unifying and it contemplates and includes all other needs.

 

So even if I was several thousand miles away I offered myself to receive this woman, as a tiny speck of a glimpse of how it would be to be fully received by something larger than all of us.

I felt very quiet and peaceful because I felt she understood this on the spot. It took about 10 minutes in all.

 

As I was connecting to what was going on, quietly sitting in my sofa in Uruguay, my friend was by her elder relative’s side in the hospice room in NYC.

 

I sent her a message saying

-May this moment be of peace to you both. Let her know she is received.

 

For this I meant not only that she would be received as a soul returning home but also to give an opportunity to my friend and the people caring for her relative to receive her too.

 

 

My friend told me today that her relative had an apparent improvement in her health and stamina. She had the clarity to receive many family members and talk with them in the hospice during the rest of the day. She even talked with others on the phone that were far away and could not come. This morning she passed away peacefully in her sleep.

 

 

Thank you Mike. May your teachings endure and multiply.

Welcome!

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